La noche es cruel y lastima como los cementerios,
extingue las luces en agónica demora
y desnuda las calzadas de longevos tiempos
en dulce y quimérica trémula
En el primer día del fin,
mil azotes al viento,
la púa que carcome la sien
y un ramo de insensateces
La oscuridad se torna azul sin sombra
y duele en la memoria,
ya no trinan las aves,
y yace inmóvil la carne,
Este silencio sepulcral
es demencia y desazón
retumbe de voces y ecos
en infértiles ocasos
y crepúsculos embusteros.
lunes, 16 de mayo de 2011
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