No siento miedo a la muerte
ni a la profunda pesadumbre,
tan solo es el recelo de estar ausente
en las noches de luz sin lumbre,
no me turba que me visite,
que me arrebate los momentos,
o la vieja memoria de los
sueños
en un vago y fugaz despiste
tan solo temo no regodearme
en el mar y su inmensidad
y que algún día al voltearme
cieguen mi mente de ansiedad
la tristeza y la melancolía;
que me abrace un manto gris,
sin renacer de un nuevo día
y que la luz de un prisma indiferente
no me deje ya reír,
de lo que ríe la gente