El crujir del metal
se retuerce en la sien
sabe que es letal,
intuye que no está bien
Es la hora de la ausencia
y un
blanco cegador,
hace inútil la presencia
de su santo pecador
Se enmohece el recuerdo
y al callar de las voces
surge el trágico momento
de las almas sin goces
(ni paz…)
Le aturde el sueño y las sombras;
y el cansancio de un mismo día,
reconoce que son las mismas notas
de las malditas horas desvanecidas
Ya no es delicada ni afable,
la cortesana está afligida y distraída
ya no es atenta ni amable,
se siente de penuria consumida