Extrañas y sombrías cadencias rasgando la carne,
punzantes y pusilánimes hasta los huesos,
y ese frío dolor de vacío,
que remueve hasta el espíritu
Es un segundo eterno de profunda inhalación,
vencidos ya mis ojos y escucho en el silencio de la noche,
las voces del recuerdo en sobresalto de contrición,
y el cuerpo gira, y gira, y transpira...
auscultando un palpitar de ímpetu y coraje
y las sombras que danzan en la habitación…
y la muerte que te acoge en dolor agudo de turbiedad
Penumbra estéril que secciona el pecho
y tan solo por esta noche quisiera soñar,
y que no me aprisionen las garras de las penas
que te sujetan reciamente,
y que no me lleve la muerte,
oh maldita muerte…
miércoles, 26 de mayo de 2010
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